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En Venezuela el día a día es una convulsión total. La lucha por mantenerse optimista en medio de la escasez no solo de recursos,  sino de valores, es el “pan nuestro de cada día” de cada una de las personas que decidimos seguir apostando por este país aun. Es bien difícil “mantenerse cuerdo”. Si hablamos con la mayoría de las personas, se sienten desanimadas, bastante pesimistas y muchas veces desesperanzadas en medio de tanta confusión. Decidí escribir este post porque, aunque me mantengo lo más positiva posible en torno a lo que tenga que ver con mi trabajo, mis emprendimientos y demás, hay veces que me dejo arrastrar por lo que he decidido denominar: Mi duelo migratorio.

¿A qué se refiere esto? Para mí, es esa sensación de vacío que sientes cuando te das cuenta que cada vez en las reuniones familiares hay menos gente, que esos amigos con los que solías compartir no están, y peor aún, el horrible estado de ansiedad que te genera que en alguna situación grave (enfermedad, muerte) no puedas tener ese hombro sobre el cual apoyarte cuando lo necesitas.

Particularmente, hace 4 años viví lo que para mí se convirtió en uno de los peores episodios de mi vida: mi papá enfermó repentinamente y después de varios meses, falleció. Afortunadamente a mi lado conté con personas especiales en las que pude apoyarme, sobre todo mi esposo, pero siempre quedé con el vacío y el dolor de que uno de mis hermanos, con el que suelo ser más apegada,  no pudo estar junto a nosotros en ese momento. ¿Por qué? Porque lamentablemente es una persona más de las que forma parte de la diáspora que tanto afecta este país. Porque en medio de ese optimismo con el que tratamos de enfrentar los retos aquí en Venezuela, a veces toca tomar decisiones que te obligan a buscar un futuro mejor en otras latitudes.

Lo cierto es que, aunado al duelo que ya estaba viviendo por la pérdida de un ser querido tan importante, me encontré sintiendo por primera vez mi duelo migratorio.

Quizás muchos pensarán que en esas circunstancias es sencillo seguir adelante, y la verdad es que luego de un tiempo logras “aprender a vivir con eso”. A mi me pasó, sigo llevando mi vida normal, día a día me esfuerzo por dar lo mejor de mí en todo lo que hago. Soy apasionada en mi trabajo, ayudo a gente a emprender, enseño lo que sé, soluciono las cosas que puedo, me hago cargo de mis obligaciones y siempre, siempre, trato de tener buena actitud, pero en lo más profundo, quizás en el subconsciente, ese vacío sigue ahí.

¿Qué si es difícil? Tendrías que vivir aquí para saberlo…

Lo cierto es que, este duelo migratorio se repite día a día en mi vida y en la de miles de venezolanos más. Ya se fue mi hermano, se fueron mis sobrinos, mis amigos y ese vacío queda y en ocasiones muy particulares se hace sentir de muy mala manera. No me canso de ver terminales de autobuses y aeropuertos llenos de gente despidiendo a sus familiares, madres arrodilladas pidiéndole a sus hijos que no se vayan, novios y esposos separados, amigos que se dicen adiós, quizás todos ellos albergando la esperanza de “algún día nos volveremos a ver”.

¿Pero qué tanto de eso es cierto? ¿Cuándo te volverás a reunir con esos parientes? ¿Tienes la real esperanza de que eso suceda o te estás autoengañando? 

Yo sé de muchas personas que se han ido literalmente huyendo de las condiciones de este país y que no piensan ni por un segundo en regresar. Otros, simplemente un día se “cansaron” y decidieron dejar todo atrás e irse a un lugar en el que a ciencia cierta no saben si estarán mejor, pero que al menos los aleja de la convulsión de aquí.

Lo que yo pienso, y además veo, es que la desesperación es el estandarte de quienes están migrando en este momento. No hay planificación en los viajes, no se piensa en la familia ni en los hijos que están dejando, que al final son los que pagan el alto precio de este duelo migratorio.

Ojo que con esto que estoy diciendo no me estoy poniendo ni a favor ni en contra de los que se van, más bien me parece un acto de valentía que merece cierto reconocimiento. Lo que quiero plasmar aquí es cómo se sienten los que se quedan (o al menos cómo lo he vivido yo) y  cómo afecta la separación, que en mi opinión, termina siendo tan dura como una muerte. Definitivamente son largas horas de llanto, momentos tristes y mucha desesperanza.

Sé que algunos dirán que eso se soluciona yéndote también, que el que quiere besar, busca la boca y bla, bla, bla, pero lo cierto es que desde mi parecer, no deberíamos estar viviendo esta situación en un país que llegó a ser próspero, que nos dio tanto y que ahora está tan mal que tenemos que huir de él para sobrevivir. Además, yo en este post, trato de un problema emocional que se está viviendo y que aunque muchos no lo quieran reconocer es bien complejo, porque día a día vivimos extrañando y  lamentándonos por el que no está.

Yo sí confieso que llevo mi duelo migratorio, que lo “toreo” con todas las ocupaciones que tengo y que he aprendido a vivir con él. También albergo cierto tipo de esperanza de reunirme con mis seres queridos y espero que si me toca vivir una pérdida nuevamente, muchos de los que se fueron puedan estar. Y no, no se trata de pensar sólo en cómo me siento yo, que sería de por sí una actitud muy egoísta, sé que también los que se van, llevan una maleta de recuerdos, quereres y apegos que dejan en su país, en su casa y en sus familias.

Y tú, ¿has vivido alguna situación así? ¿Cómo lidias con tu duelo migratorio?

Aura Brito
Aura Brito
Consultora en Social Media y Estratega Digital. Contadora de profesión, con más de 15 años de experiencia directiva y gerencial en empresas venezolanas de sectores del retail, comida rápida, ventas y consumo masivo. También me he desempeñado como profesor universitario en las cátedras de Derecho y Contabilidad. Apasionada emprendedora, he desarrollado diversos proyectos comerciales personales, siempre enfocados en el servicio, la atención al cliente y las ventas; y apoyados en las nuevas tecnologías de la información. Community Manager y Bloguera de empresas del sector de la papelería, coaching, psicología, diseño web, marketing, gastronomía y ventas, entre otras.

11 Comments

  1. angelatromp dice:

    Totalmente identificada con tus sentimientos, y yo que ya lo he vivido desde la perspectiva “del que se queda” y “del que se va”, de ninguna forma es fácil.. y mantengo la esperanza del pero “pronto nos volveremos a reunir” sin realmente tener una fecha estimada para eso.

    Pero deseo de todo corazón que nuestro país mejore, y soy de las que si pienso en regresar

  2. Es difícil. Muy difícil. Uno es optimista hasta donde no puede más… y la realidad tarde o temprano te da en la cara. ¿Hasta cuándo aguantaremos?

    Sin duda que es un tema con muchas aristas, en donde lo que debe prevalecer es la fortaleza psicológica… y ordenar las ideas, para no irse a los coñazos…

    ¡Excelente post!

  3. Excelente como siempre, no tengo que agregar ya que plasmaste cada sentir con las palabras adecuadas, los amo y los extraño y espero pronto volvemos a ver

  4. Derbys Brito Carreño dice:

    Querida Aurita…mas bien amada hermanita…ayer 17 de febrero se hiceron 4 años de mi partida del pais…quizas algo tarde…pero aun temprano para sortear las dificultades que hoy día atraviesa nuestro querido país…tomé esa decisión pensando en el futuro de mis hijos…porque como toda emigración natural los hijos se van buscando nuevas fronteras y oportunidades…esta vez fue al revés…me fui yo primero esperando convencer a mis hijos q aman su patria y luchaban cada dia por ellas que habian otras oportunidades en otras latitudes…sin embargo, esa decisión me pesa cada día al despertarme cuando pienso en papi y no haber podido estar a su lado en su último suspiro…en sus últimos momentos…y agradezco que tu…mamá…mis hijos y Roosvelt hayan podido acompañar a mi papá en ese momento…sólo tengo de ese día grabadas las palabras de mamá al decirme que no debía volver y perder la oportunidad de hacerme un futuro fuera del pais…que entendiera que había hecho en vida por papá lo que había podido y que ese 2 de septiembre de 2.014 había partido con la bendicion de papi…y en su plenitud de conciencia y facultades… que el sabía que debía marchar y que ya no volvería. Desde el 24 de septiembre de 2.014 a las 10:24 pm hora que papá falleció, no ha habido un día que no le extrañe…que no le ore o que no le recuerde…
    No hay día que no las piense a ustedes y quisiera poder hacer mas por brindarles bienestar…
    Cada joven caído en nuestro país durante las protestas lo he llorado desconsoladamente …cada niño que fallece por falta de alimentos y medicinas lo he llorado avergonzado de que pase eso en nuestra patria…cada anciano que nos abandona por no poder continuar la lucha ante el hambre y el abandono lo he llorado con impotencia…hasta cada animalito abandonado en las calles porque no tienen como aliimentarlos sus dueños los he llorado…
    Los que estamos fuera del país amada hermanita…cargamos también día a día con ese DUELO MIGRATORIO…ya hasta se me hace muy difícil mantener una conversación contigo o con mamá sin quebrarme…todos los dias es un Duelo Migratorio para mi…
    Yo espero reunirme con ustedes pronto…pues espero que dios nos de esa dicha…que sea benevolente y permita reunirnos de nuevo…y créeme, aunque no estoy allá en presencia fisica…estoy cada día con ustedes en alma, pensamiento y corazón…!!!

  5. Sheila Vargas R. dice:

    Sentido y cierto tu post Aura. En verdad, el duelo se lleva de los dos lados de una manera diferente. Los que se van lidian con apegos, costumbres y hábitos que deben romperse, puesto que no es posible tenerlos en ese otro lugar. Porque no se puede vivir con esa incomodidad y dolor. Porque estuve en los zapatos de los que se van te diré con conocimiento cómo se logra: Te reprogramas, como matrix. Borras toda seña de golpe y porrazo… Inclusive puedes detectar cuándo lo hacen. Se ponen a hablar con “ese tumbao extraño” de el lugar donde viven. Allí puedes saber que lo hizo. Lo que nos quedamos, como si tal cual hubiesen muerto tenemos consuelo cuando sabemos que “van bien”. Como cuando tienes a alguien que agonizó mucho tiempo y al final por fin parte… Bueno, así. “Allá está mejor”. Y eso que la tecnología ayuda… Uff y cómo. Lo que a mi me equilibra es hacerles reir (creo que es mi especialidad) y que sepan siempre que estoy para apoyarles y como dice Richard Bach… Ningún lugar está lejos

  6. Qué te pedo decir Aura! Yo estoy en duelo migratorio desde hace años, cuando se fueron mis primos, hijos de un tío materno, los primeros en emigrar. Este fin de semana pasado se fué mi hermana para Lima, también con la esperanza de abrirse camino con su trabajo, vivir tranquila y poder ayudar a sus hijas que se quedaron aquí. Para mí no solo es la migración familiar la que me afecta, sino la migración musical, la de quienes han formado parte de mi familia musical. Cada vez que voy a un ensayo, veo con tristeza que “alguien se fué”, alguien con quien compartí música, conversaciones y triunfos en escena.

    Créeme que te entiendo perfetamente! No es fácil ser optimista en esta situación, a mí solo mi fé en Dios, y la esperanza de que esta pesadilla terminará, es lo que me da fuerzas para seguir adelante. Y también toparme con gente como tú, Roosevelt y el equipo de gente cada vez mayor de emprendedores, que animan a superarme y seguir adelante.

    Un abrazo Grande Aura!

  7. Wilmar dice:

    Wow excelente post! Sin palabras…imaginate que aqui solo quedamos mi esposo, mi bebe y yo! Nuestros padres, tios,primos, varios amigos ya no están en el país y es muy cierto que mantener el optimismo es una lucha. Lo cierto es que rendirse tampoco serviría de nada (de hecho sería peor) así que a sacudirse cada día (o a cada rato) el desánimo y avanzar.
    Comparto una frase que escuche ayer…el éxito es de quienes están ocupados buscándolo. Así que bueno…no ignoremos nuestro duelo, aprendamos a manejarlo pero mejor nos ocupamos en buscar el éxito!

    Saludos!!

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